Atlético de Madrid 4-0 Barcelona fue el resultado que sacudió la semifinal de la Copa del Rey y dejó al equipo de Diego Simeone a un paso de la gran final tras una noche perfecta en el Metropolitano.
El Atlético firmó una actuación contundente, intensa y casi sin fisuras para imponerse con autoridad al Barcelona en el partido de ida. El conjunto rojiblanco aprovechó cada error rival, mostró una eficacia demoledora en ataque y castigó a un equipo blaugrana que nunca logró acomodarse en el encuentro. El 4-0 final refleja tanto la superioridad local como el desconcierto del equipo dirigido por Hansi Flick durante gran parte del compromiso.
La historia comenzó a escribirse muy temprano. Apenas corría el minuto 6 cuando Eric García cedió el balón hacia su arquero Joan García, pero el guardameta falló en el control y la pelota terminó dentro del arco. El insólito autogol abrió el marcador y cambió el tono del partido desde el arranque, generando una tensión evidente en la defensa visitante y encendiendo al estadio madrileño.
El Barcelona intentó reaccionar con posesiones largas, pero el Atlético encontró espacios para golpear en transición. Al minuto 14 llegó el segundo tanto: Nahuel Molina apareció por la banda derecha y asistió a Antoine Griezmann, quien definió con precisión con su pierna izquierda para ampliar la ventaja. El francés celebró un gol clave que consolidó el dominio rojiblanco y dejó al conjunto culé contra las cuerdas cuando apenas se cumplía el primer cuarto de hora.
Lejos de bajar la intensidad, el Atlético continuó atacando con velocidad y verticalidad. Sobre el minuto 33 apareció la conexión sudamericana que tanto daño causó durante la noche: Julián Álvarez filtró un pase preciso para Ademola Lookman, que definió con un potente remate para el 3-0. El equipo de Simeone era letal cada vez que cruzaba la mitad del campo, mientras el Barcelona lucía frágil en defensa y sin respuestas claras en ataque.
Cuando parecía que el descanso llegaría para aliviar la presión catalana, apareció una jugada que prácticamente sentenció la ida. En el tiempo añadido (45+2), Lookman devolvió gentilezas y asistió a Julián Álvarez, quien sacó un derechazo desde el borde del área para marcar el cuarto tanto. Para el delantero argentino significó además romper una sequía goleadora de más de dos meses, convirtiéndose en uno de los protagonistas de la noche.
El segundo tiempo tuvo un ritmo diferente. El Barcelona intentó descontar y llegó a celebrar un gol de Cubarsí, pero tras una larga revisión del VAR la acción fue invalidada por fuera de juego previo, manteniendo intacta la ventaja rojiblanca. El partido se tornó más friccionado, con varios cambios y ajustes tácticos por parte de ambos entrenadores, aunque el marcador ya parecía imposible de revertir para los visitantes.
La tensión terminó de explotar al minuto 84, cuando nuevamente tras revisión del VAR, Eric García fue expulsado por una fuerte infracción sobre Álex Baena, dejando al Barcelona con diez hombres en el tramo final. La roja cerró una noche para el olvido del defensor, protagonista involuntario del autogol inicial y expulsado en los últimos minutos.
Más allá del resultado, el encuentro evidenció dos realidades opuestas. El Atlético mostró una versión sólida, agresiva y efectiva, capaz de competir con máxima intensidad en partidos decisivos. El Barcelona, en cambio, deberá replantear su estrategia y mejorar defensivamente si quiere mantener viva la eliminatoria.
La vuelta se disputará el próximo 3 de marzo en el Spotify Camp Nou, donde el conjunto blaugrana buscará una remontada histórica. Sin embargo, el 4-0 conseguido por el Atlético representa una ventaja enorme y una inyección de confianza para un equipo que ya sueña con levantar la Copa del Rey.
En una semifinal que prometía equilibrio, el Atlético de Madrid terminó dando un golpe sobre la mesa. El Metropolitano celebró una noche inolvidable y el mensaje quedó claro: los colchoneros están más vivos que nunca en su camino hacia la final.



















