La Selección Colombia ha dejado una huella imborrable en los torneos de la Copa Mundial de la FIFA, con seis apariciones que van desde 1962 hasta 2018. Sin embargo, en la fase de grupos, algunos adversarios han aparecido de manera recurrente, convirtiéndose en verdaderos obstáculos para el avance de los cafeteros. Entre ellos destacan dos potencias europeas: Rumania y la desaparecida Yugoslavia, que han sido sorteados en dos ediciones cada uno. Lo que agrava esta coincidencia es el saldo negativo: Colombia no ha conseguido ni una sola victoria ante estos rivales.
Rumania: El espectro de los años dorados
En la década de los 90, Colombia vivía su época de oro en el fútbol sudamericano, clasificando a Mundiales con un estilo arrollador que generaba expectativas globales. Fue precisamente en ese contexto donde Rumania emergió como la némesis perfecta. El primer choque ocurrió en el Mundial de Estados Unidos 1994, donde la Selección Colombia debutó en el Grupo A con amplias aspiraciones de coronarse campeona. Sin embargo, el equipo rumano, capitaneado por el legendario Gheorghe Hagi, aplastó esas ilusiones con un contundente 3-1.
Cuatro años más tarde, en Francia 1998, el destino volvió a caprichoso al unir nuevamente a ambos equipos en el Grupo G. El partido de arranque terminó 1-0 a favor de Rumania, gracias a un oportuno gol de Adrian Ilie en un duelo equilibrado pero carente de la magia colombiana. Al igual que en 1994, esta caída temprana presagió el adiós prematuro de la Tricolor, reforzando la idea de que Rumania era una bestia negra imbatible. Estos enfrentamientos subrayan cómo un mal sorteo puede torcer el rumbo de una campaña, un factor que los estrategas de la Selección Colombia analizan meticulosamente para futuras citas.
Yugoslavia: Derrotas que forjaron resiliencia
Otro rival que ha perseguido a Colombia en sus inicios mundialistas es la extinta Yugoslavia, cuya herencia futbolística perdura en naciones como Serbia. Los cruces se remontan a las primeras participaciones de la Tricolor, marcando tanto debuts como momentos de redención parcial. En el Mundial de Chile 1962, la primera aventura global de Colombia en el Grupo A, el equipo yugoslavo propinó una lección dura con un 5-0 demoledor.
Tres décadas después, en Italia 1990, el Grupo D volvió a enfrentar a ambos en la jornada final. Yugoslavia se impuso nuevamente por 1-0 con un gol solitario, pero esta vez el contexto fue distinto: Colombia ya había asegurado su histórica clasificación a octavos de final gracias a una victoria sobre Emiratos Árabes Unidos y un empate heroico ante la Alemania Occidental. A pesar de la derrota, ese Mundial representó un hito para los cafeteros, demostrando que podían competir al más alto nivel.
Japón: El rival asiático de resultados mixtos
No solo Europa ha repetido rivales para Colombia; Japón también ha aparecido dos veces en la fase de grupos, ofreciendo un historial más equilibrado. En el Mundial de Brasil 2014, la Tricolor brilló con una goleada 4-1 sobre los samuráis, un triunfo que impulsó su avance arrollador hasta cuartos de final. Jugadores como James Rodríguez y Juan Cuadrado fueron clave en esa exhibición. Sin embargo, en Rusia 2018, la fortuna se invirtió con una derrota 1-2 ante los nipones, donde un penal polémico y la expulsión de Carlos Sánchez complicaron el panorama, aunque Colombia aún clasificó como segunda del grupo.
Este vaivén ante Japón resalta la imprevisibilidad de los sorteos mundialistas. Para el próximo gran desafío, el Mundial de 2026 con sedes en Norteamérica, la Selección Colombia bajo la batuta de Néstor Lorenzo aspira a un Grupo A más benévolo o, al menos, a exorcizar esos fantasmas recurrentes. Con un talento joven y experimentado, los cafeteros buscan no solo repetir, sino conquistar. El fútbol es caprichoso, pero la historia enseña que la preparación supera al azar.