Independiente Santa Fe arrancó el 2026 como el primer gran protagonista del fútbol profesional colombiano. En un estadio El Campín colmado y vestido de rojo y blanco, el conjunto cardenal derrotó 3-0 a Junior de Barranquilla y se quedó con la Superliga BetPlay, cerrando la serie con un contundente 4-1 en el marcador global.
Lejos de especular tras el empate 1-1 conseguido en Barranquilla, el equipo dirigido por el cuerpo técnico bogotano salió decidido a resolver la final desde el primer minuto. Intensidad, presión alta y un ritmo que Junior nunca logró igualar marcaron el desarrollo de un partido que tuvo un solo dueño.
Gol tempranero y dominio absoluto
La apertura del marcador llegó muy pronto y fue el reflejo del plan de juego cardenal. Apenas transcurrían cinco minutos cuando Ewil Murillo robó un balón en la mitad del campo, se sumó a la transición ofensiva y terminó definiendo la jugada tras una acción colectiva que tuvo como protagonistas a Hugo Rodallega y Yilmar Velásquez. El remate por encima del arquero Silveira puso el 1-0 y desató la euforia en las tribunas.
Ese gol desordenó por completo a Junior, que nunca logró asentarse en el partido. Aunque el conjunto barranquillero intentó reaccionar con desbordes por la izquierda y algunos remates de media distancia, sus aproximaciones fueron controladas sin mayores sobresaltos por Andrés Mosquera Marmolejo.
Rodallega, líder y figura de la final
Cuando el primer tiempo parecía cerrarse con ventaja mínima, apareció el capitán para golpear de nuevo. Hugo Rodallega ejecutó un tiro libre directo desde el sector izquierdo y sorprendió al arquero uruguayo con un remate potente que terminó en el fondo de la red. El 2-0 no solo amplió la diferencia en el marcador, sino que dejó a Santa Fe prácticamente con una mano en el trofeo antes del descanso.
El impacto emocional del segundo gol fue evidente. Junior se fue al vestuario sin respuestas y con la necesidad de un planteamiento completamente distinto para la segunda mitad.
Control táctico y cierre perfecto
En el complemento, el equipo tiburón movió sus fichas. Cristian Barrios y Luis Fernando Muriel ingresaron con la intención de darle mayor profundidad y peso ofensivo al visitante. Sin embargo, Santa Fe respondió con madurez: bajó la intensidad cuando fue necesario, ordenó sus líneas y cerró todos los caminos hacia su arco.
El conjunto cardenal incluso estuvo cerca de marcar el tercero mucho antes, con una nueva presión alta que terminó en una ocasión clara de Rodallega, bien resuelta por Silveira. Junior, por su parte, cayó en la ansiedad y abusó de centros sin precisión ni destinatario claro.
Ya en el tiempo de adición llegó la estocada final. Nahuel Bustos, que había ingresado por Rodallega, combinó con Alexis Zapata dentro del área y definió con categoría para el 3-0 definitivo, anotando su primer gol con la camiseta de Santa Fe y sellando una noche redonda.
Un título incuestionable
Con esta consagración, Independiente Santa Fe alcanzó su quinta Superliga, superó a Atlético Nacional en el palmarés del certamen y se convirtió en el primer campeón del FPC en 2026. Más allá del marcador, la final dejó una conclusión clara: fue un campeón legítimo, dominante y coherente con su propuesta futbolística.
Santa Fe no solo ganó una copa. Envió un mensaje fuerte al resto del país: tiene equipo, carácter y argumentos para ser protagonista durante toda la temporada.